Del optimismo a la desazón

Un parsimonioso carrusel de emociones fue lo que vivió la afición ecuatoriana la tarde de ayer, durante el partido que enfrentó a la ‘Tri’ contra su similar de Paraguay.

 

No había empezado aún el cotejo a las 18:00, pero para quienes llenaron el Centro de Convenciones de Guayaquil, la posibilidad de conseguir un buen resultado era tangible. “Estamos ahí, venimos jugando bien, hoy tenemos que concretar”, expresó don Fabián, mientras acariciaba el crucifijo en su mano, cábala que según dijo realiza desde que era muy joven (ahora tiene 55).

 

Desafortunadamente para él y para el resto del país, las cábalas resultaron inútiles.

 

Inició el juego y con este los gritos de apoyo a los jugadores. “¡Falta!”. Orejuela hizo pasar el primer susto a los aficionados, que temieron una lesión.

 

Ecuador había empezado el partido con bríos. El buen manejo de pelota y ataques constantes mantenían a los fanáticos al filo de sus asientos.

 

De repente, gol de Paraguay, y la temperatura del ambiente cambió por completo.

 

No hubo ecuatoriano que no expresara su malestar, lanzando una botella al suelo cual ‘Don Ramón’ lanzaba su sombrero. “No puede ser posible, que a una selección de fútbol profesional se le paseen en la defensa”, expresó un joven.

 

Las nubes empezaron a cubrir el cielo de la ciudad y una tenue llovizna cayó sobre las cabezas de los decepcionados aficionados. “Pero de aquí no nos vamos a mover, Ecuador va a remontar”, apuntó Óscar Andrade.

 

El término del primer tiempo inició la charla; todos tenían su ‘carta bajo la manga’ para darle la vuelta al partido. “Tenemos que jugárnosla, meter a Marcos Caicedo, que viene teniendo buen ritmo”, opinó otro joven.

 

Pero la remontada nunca llegó; pasados los 64 minutos otro gol de Paraguay terminó de hundir las ilusiones de los aficionados ecuatorianos.

 

En bares del norte y Urdesa el ambiente era el mismo: tristeza, frustración. Apenas el gol de Felipe Caicedo, sobre el minuto 69, logró en algo levantar el ánimo del gentío vestido de amarillo.

 

“Hacen pintar por gusto”, expresó una mujer entre risas, mientras se marchaba de un bar, quitándose la pintura facial que sobre su mejilla dibujaba una escurrida banderita tricolor. No hubo mejor metáfora.

 

Fuente: Expreso